AGARRAFUERTE
AGARRAFUERTE
(Por Juvenal Ramírez
Gallo)
Yo soy José Pedro Haro. Sí. Y por mi mamita, Peña. Claro, José Pedro Haro
Peña, mi nombre completo. Me preguntas, porque creíste que no lo sabía, je, je.
Te equivocaste, como se equivocan todos, por eso, no te preocupes. Por cómo me
ven, creen que tengo afectada la mollera. Yo nací aquí. En este pueblo. Sí, he
ido algunas veces a la ciudad, pero no me gusta, mucha gente. Te empujan y una
vez me caí y dos hombres me quisieron ayudar, pero yo creí que me iban a robar,
por eso no quise. Malagradecido me dijeron. Pero mi papá me había dicho que no
confiara en nadie. Por eso no me gusta la ciudad. Además, me tratan como si yo
no entendiera, como cuando me preguntaste mi nombre je, je. Para comprar los pasteles
que me gustan, el hombre quería que le repitiera varias veces. A mi hermanita
también le gustan esos pasteles, por eso quería comprar. Caminé bastante para
encontrar la tienda. En el mercado, no había. Cuando preguntaba, la gente se
apartaba, «no tengo» me decían. Mi papá me dijo que era porque creían que les
iba a pedir algo. Seguro que cuando tú preguntas no te dicen lo mismo. Tú
tienes tus dos brazos buenos; y también tus piernas. Pero yo no tengo la culpa.
Yo no quise nacer así, porque así nací, me dijo mi mamita. Extraño a mi mamita.
Está enterrada en el cementerio. En el de Cañaveral. A todos los entierran en
Cañaveral. Mi mamita murió. Si, ya hace mucho tiempo, yo era niño y ahora tengo
treinta y cuatro años, seguro pensaste que no lo sabía, ja, ja. Todos piensan
que no lo sé. Lloré mucho, pero no le digas a nadie que te dije. No me gusta
que me vean llorar. No quiero que me tengan pena. Cuando murió mi mamita me fui
a llorar al corral. La gente decía que era fuerte porque no lloraba. A mí me
gusta ser fuerte. Así no me dejo pegar por nadie. Solo por mi papá. Porque es
mi papá. Claro. Mi mamita antes de morir me dijo que tenía que hacerle caso en
todo y yo a veces me olvido. Sí, mi papá me quiere, aunque a veces me pega
cuando me olvido de lo que me dijo mi mamita, cuando tomo cerveza. Dice que me
hace daño, pero a mí me hace reír y olvidar. Muchas cosas, muchas penas. Yo
también tengo penas. Yo me doy cuenta. No sé si me llegaré a casar, creo que
no. ¡Claro! Sí hay quien me gusta, pero me dirá que no, por mi brazo. Eso me da
tristeza. Con mujer si he estado. Mi amigo el señor Cortez. Vive cerca de mi
casa. Tiene un carro, un camión, y me llevó a donde hay mujeres. «trátalo bien»
le dijo a una. Ja, ja, y me trató bien. No, eso no se cuenta, ja, ja. Ya no sé qué
más contarte, pregúntame algo. Sí, yo trabajo. Ahora menos. Antes tenía más
trabajo, cargaba agua, con mi yunta, casi todo el día la gente quería agua. No,
ahora ya no tanto. Ya tienen agua que les llega hasta la casa. Sí, por tubos.
Antes también cargaba leña, la gente usaba leña para la cocina. No, ya no,
porque usan gas. Ahora solo cargo agua para doña Petronila y doña Josefa,
tienen jardines bonitos. Sí, me pagan. También me regalan ropa que mandan sus
hijos para mí, dicen. Sí, yo conozco a sus hijos desde que eran chiquitos.
«Ropa de marca» me dijo un señor del ministerio. Ja, ja. Pier Cardán, me dijo.
Pero yo creo que se equivocó, porque aquí dice cardín. Sí, yo sé leer, aunque
no muy bien, porque me sacaron del colegio. No lo sé, creo que fue porque que
le pegué al Toribio. Mucho me fastidiaba y yo aguanta y aguanta hasta que un
día lo cogí del cuello. De aquí. No lo solté hasta que don Manuel y don Mario
me abrieron la mano. Desde ahí me dicen «Agarrafuerte» porque tengo mucha
fuerza en este brazo. La fuerza del otro se ha pasado a este de acá. Una pierna
también es más fuerte que la otra. Pero camino bien, gracias a la virgencita de
Lourdes. Solo que con una doy un paso más grande que con la otra. Por caminar
así un día me gritaron «rengo». Yo no soy rengo. Rengo es otra cosa. No me
gusta que me digan rengo, la vez pasada tuve que tirarle una piedra al Gonzalo
porque me dijo rengo. Rengo, me dijo; y se fue corriendo, pero yo cogí mi honda
y zas, le tiré una piedra que le cayó en la espalda, en la puerta de su casa.
Sí, desde acá. Esta es mi honda, con ella cazo palomas. Agarro así, donde está
la piedra, con los dientes y la horqueta con mi mano. Sí, honda se llama, pero
en la televisión. Sí, tengo un televisor, que me regaló don Jorge porque se
compró otro. Ahí en el televisor le llaman resortera. Sí, me gusta ver
televisión, me hace reír. Eso es todo, ya no sé más. Ah, yo tenía un perro que
también se murió. Sí éramos amigos, iba conmigo siempre. Me cuidaba. Se llamaba
«Cometodo». Por qué. Porque comía de todo, je, je. Ya se me olvidó lo que te
quería contar de Cometodo. Ah, ya me acordé, le gustaba correr al diablo. Sí,
al diablo. En los viernes santos, en la noche de las tinieblas, yo me colgaba
una olla al cuello y con un palo, como una nicula, hacía bulla por toda la
casa. Cometodo corría, saltaba y ladraba fuerte para sacar al diablo de todos
los rincones. Pobre Cometodo, cuando estaba muriendo me quedó mirando y lloró.
Yo también lloré. Porque era mi amigo, pues. Yo creo que me quería decir algo,
como mi mamita. Ya me hiciste dar pena. Ya me voy. Otro día te cuento más.
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