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Por un palito de fósforo

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  Le gustaba ver la lluvia caer y salpicar sobre la tierra dura de delante de su casa, sentarse en el cobertizo y escuchar las gotas estrellarse en el tejado, mientras se fumaba un   cigarrillo. Ese día la lluvia empezó temprano y ya nada podía hacer él en la huerta que tenía en la parte posterior de la casa, así que se acomodó en el sillón para disfrutar el espectáculo y claro, fumarse un cigarrillo, pero pronto reparó que no podría cumplir con todos sus deseos, porque al hurgar en sus bolsillos no encontró los fósforos. No se alarmó al inicio, porque pensó que en la cocina encontraría alguna cajita en el estante, pero no había nada; seguramente en la repisa del santito junto a la vela misionera que su esposa solía prender allí, pero tampoco había. ¿Y si se escondía en algún rincón de la repisa alta donde antes se colocaba la lámpara de kerosene?, tampoco. Empezó a sentir la ansiedad propia de los fumadores, que pronto se volvió en desesperación. La lluvia era intensa y pront...

ELENTIERRO DE DOÑA MATILDE

  —¿Sientes que se nueve? —dijo Enrique a su compañero del lado derecho cuando cargaba   el ataúd de doña Matilde que había amanecido muerta el día anterior. Nadie le hizo caso, se limitaron a pegar la oreja a la madera y a asentir con la cabeza, mientras cedían su lugar a otro improvisado cargador. Esta historia había empezado cuando doña Matilde se despidió de este mundo a regañadientes porque en medio del velorio, ayer en la noche ya, mientras se esperaba que trajeran el ataúd con el que se vestiría por última vez, se sentó en su cama donde se le había acomodado con sábanas limpias y su mejor ropa, con el vestido que estaba guardando para asistir al matrimonio de su nieta. Se destrabó los dedos de las manos que se las habían cruzado en el pecho. Las apoyó en los bordes de la cama y se sentó, arrancándole un chirrido a la cama de madera. Segundos después se dejó caer a su posición de muerta. Unos niños curiosos que se habían colado al dormitorio dieron la voz de alarm...

AGARRAFUERTE

AGARRAFUERTE (Por Juvenal Ramírez Gallo) Yo soy José Pedro Haro. Sí. Y por mi mamita, Peña. Claro, José Pedro Haro Peña, mi nombre completo. Me preguntas, porque creíste que no lo sabía, je, je. Te equivocaste, como se equivocan todos, por eso, no te preocupes. Por cómo me ven, creen que tengo afectada la mollera. Yo nací aquí. En este pueblo. Sí, he ido algunas veces a la ciudad, pero no me gusta, mucha gente. Te empujan y una vez me caí y dos hombres me quisieron ayudar, pero yo creí que me iban a robar, por eso no quise. Malagradecido me dijeron. Pero mi papá me había dicho que no confiara en nadie. Por eso no me gusta la ciudad. Además, me tratan como si yo no entendiera, como cuando me preguntaste mi nombre je, je. Para comprar los pasteles que me gustan, el hombre quería que le repitiera varias veces. A mi hermanita también le gustan esos pasteles, por eso quería comprar. Caminé bastante para encontrar la tienda. En el mercado, no había. Cuando preguntaba, la gente se apartab...

CANCION DE FIN DE LA GUERRA

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LA PROMESA

   Solamente habían transcurrido ocho días del mes de noviembre y el calor ya era intenso. Es verdad que no hay la misma humedad del verano, pero no deja de ser agobiante. «Si al menos lloviera», pensó el cura, lo que era pedirle demasiado al clima piurano. «Y encima tener que interrogar a otro caballerito perdido en los laberintos del amor o la pasión”. En fin, a mal que no tiene remedio … Llegó resoplando, bajo su sombrero de paño de ala ancha. Entró por una puerta de madera, de dos hojas, cuyo color marrón oscuro resaltaba sobre la pared blanca de la construcción. La habitación que hacía de recepción se comunicaba por la derecha con el claustro de la vicaría y por la izquierda con una especie de sala de espera. Entre la puerta de ingreso y la puerta que daba al claustro, había un viejo escritorio que usaba para escribir algo sobre un papel amarillento, la señora secretaria. Vestida a la inglesa con un vestido de dos piezas sin adornos y en dos tonos marrones, el más claro e...

EL FANTASMA FIRABRÁS

  Wil era bombero. Encargado de una estación de bombeo de agua para riego. Tenía diecisiete años y para ejercer su función vivía en una casita de quincha y techo de tejas que constaba de dos piezas, una para dormitorio y la otra para usos múltiples, incluidos comedor y cocina. Vivir solo, le daba un aire de independencia y adultez que sus contemporáneos envidiaban y no le faltaban amigos en las noches para charlar antes de acostarse. Algunos se quedaban a pasar la noche, por lo que tuvo que conseguir un catre de campaña para las visitas. Su trabajo consistía en llevar la cuenta, en horas, del uso de la bomba por cliente, así como prender y apagar el motor, vigilar el correcto funcionamiento y mantenimiento. No solía cocinar sus alimentos, aunque tenía una hornilla a leña, sino que lo hacía en la casa paterna, distante medio kilómetro. Una noche, después de cenar, antes de ir a su casita de bombero, pasó por la casa de la tía Josefa, a conversar con sus primos. Era un buen conve...